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Alberto Barea: «La sinceridad no garantiza la verdad: la memoria puede engañarnos sin que lo sepamos»

  • PANORAMA GLOBAL
  • 24 nov 2025
  • 2 Min. de lectura


“Lo vi con mis propios ojos.” Esta frase, tan contundente como cotidiana, encierra una trampa: nuestros ojos —y, sobre todo, nuestra memoria— no son tan fiables como creemos. Los recuerdos no son grabaciones objetivas, sino reconstrucciones maleables, llenas de vacíos y distorsiones. Y, sin embargo, sobre esa arena movediza se construyen juicios, sentencias y certezas cotidianas.


De esa paradoja parte la obra Enfoque multidisciplinar del valor del testimonio: retos actuales en el ámbito forense (Tirant Lo Blanch, 2025), coordinada por la Dra. Lourdes Miguel Sáez y el Dr. Alberto Barea Vera.


Alberto es psicólogo, criminólogo, académico y experto en neurociencia cognitiva. En su capítulo Estudio y análisis de los procesos psicológicos del testimonio en aras a la apreciación de credibilidad, explora cómo la memoria, la percepción y la emoción afectan a lo que decimos haber visto.


Con él hablo de verdad, error y credibilidad en un mundo saturado de desinformación.


— Dices que la memoria no funciona como una cámara de vídeo. Pero todos pensamos que recordamos las cosas tal y como pasaron. ¿Estamos equivocados?


Sí, estamos equivocados. La memoria no registra los hechos de forma literal, como si grabara una película. Lo que hace es reconstruir el pasado a partir de percepciones, emociones y conocimientos previos. Por eso, lo que recordamos es siempre una versión, nunca una réplica exacta de lo vivido. En cada evocación rellenamos vacíos e interpretamos, más que reproducir fielmente la realidad.


— ¿Significa eso que, aunque una persona crea estar diciendo la verdad, puede estar completamente equivocada?


Sí. Alguien puede estar absolutamente convencido de que dice la verdad y, sin embargo, estar equivocado. La sinceridad no asegura exactitud: los recuerdos se distorsionan, se transforman con el tiempo y con las circunstancias, sin que la persona sea consciente de ello.


— ¿Podemos llegar a recordar hechos que nunca ocurrieron?


Sí. Es lo que llamamos falsos recuerdos. La mente no solo almacena, también reconstruye, y en ese proceso puede incorporar información externa, sugestiones o simples expectativas.


El resultado es inquietante: experiencias que jamás existieron, pero que para quien las recuerda resultan tan vívidas y convincentes como las verdaderas.


— ¿Cómo se distingue entre alguien que miente y alguien que simplemente se equivoca de buena fe?


La diferencia está en la intención. Mentir supone querer engañar de forma consciente, mientras que el error de buena fe nace de las propias limitaciones de la memoria y la percepción.


El problema es que, en la práctica, no siempre es fácil trazar esa frontera.


Por eso resulta clave analizar la coherencia del relato, el contexto en que se produce y, sobre todo, contrastarlo con pruebas objetivas que permitan separar el engaño deliberado del simple fallo humano.


— Si la memoria es tan frágil, ¿por qué seguimos confiando tanto en lo que dicen los testigos en los juicios?

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