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El management en 3 actos: presente, futuro y personas

  • PANORAMA GLOBAL
  • 24 nov 2025
  • 3 Min. de lectura


Hace algunos meses, en una conversación con Xavier Marcet, coincidimos en que más allá de las modas gerenciales, las tecnologías emergentes o los frameworks de moda, hay cosas que no cambian en el management.


Esa reflexión me llevó a pensar en tres labores que constituyen la esencia del trabajo del directivo y que permanecen, aunque todo lo demás evolucione: gestionar con eficacia el presente, elegir el futuro y liderar personas para recorrer el camino.


Marcet lo expresó con claridad: “El triángulo estrategia, innovación y cambio es el perímetro natural de la transformación. Muchos sitúan en el centro de este triángulo al liderazgo. Pero en este triángulo las cosas van cambiando: estrategia ya no quiere decir planificación, innovación ya no quiere decir I+D y cambio no quiere decir reorganización. Tampoco el liderazgo es algo retórico. La transformación se basa en la autenticidad de la conexión entre estrategia, innovación y cambio.”


Desde entonces he comprendido que, aunque hablemos de gobernanza de la innovación o de transformación empresarial, el punto de partida sigue siendo el mismo: ayudar a que una organización llegue de su situación actual al futuro elegido con proyectos concretos, manteniendo vivo su presente mientras construye su futuro. Y para lograrlo, esas tres labores esenciales del management no pueden ser sustituidas.


1. Gestionar con eficacia el presente

El primer deber de cualquier directivo es asegurar que el modelo de negocio actual funcione con eficacia. No es glamuroso ni suele ser portada de revistas, pero sin esta disciplina básica no hay innovación que sobreviva.


Gestionar el presente significa entregar resultados, garantizar la rentabilidad, mantener la confianza de clientes y cumplir con los compromisos que sostienen a la organización.


El riesgo es olvidar esta tarea en nombre de la innovación. Hay quienes caen en la tentación de idealizar el futuro y descuidan el día a día, como si lo que ya funciona fuera un estorbo para lo nuevo. La realidad es que sin presente no hay futuro posible.


La innovación no se construye sobre promesas, sino sobre una base operativa sólida que provea estabilidad y recursos para explorar.


En mi experiencia trabajando con directivos en Latinoamérica, he visto cómo muchos quieren transformar su negocio sin antes consolidar las bases del modelo actual. Es como querer correr un maratón sin entrenar.


Me gusta imaginarlo con una metáfora náutica: ningún barco puede aspirar a nuevos destinos si hace agua en cubierta. Innovar requiere navegar, y navegar requiere cuidar la embarcación. La gestión del presente es ese casco sólido que mantiene a flote a la organización, incluso cuando soplan vientos de cambio.


Tampoco es útil caer en el vicio del cortoplacismo que nos lleva a buscar exclusivamente la rentabilidad del presente descuidando la construcción del futuro, porque nada es para siempre y los modelos de negocio caducan en un entorno cambiante e incierto.


2. Elegir el futuro y los proyectos para hacerlo realidad

La segunda labor del management es decidir hacia dónde se quiere llevar a la organización, elegir el futuro como fruto de una decisión, no como un destino irremediable al que nos conducen las tendencias del mercado.


No basta con mantener el barco a flote; hay que trazar un rumbo y comprometerse con él. Aquí entra en juego la innovación, no como fuegos artificiales, sino como proyectos concretos que convierten la visión en acción.


Elegir el futuro no significa predecirlo. No existe un mapa perfecto ni una bola de cristal que nos diga cuál es la dirección correcta. Elegir el futuro es una responsabilidad de quien lidera la organización y es una decisión estratégica: analizar opciones, entender riesgos, renunciar a caminos tentadores y comprometerse con aquellos que tienen más potencial de crear valor compartido.

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