Liberalismo Punk (IV): la libertad económica y sus límites
- PANORAMA GLOBAL
- 24 nov 2025
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Seguimos hoy nuestro recorrido en Sintetia sobre liberalismo punk tratando uno de los principios fundamentales y más controvertidos del movimiento liberal: la libertad económica. Una vez sentadas las bases de la naturaleza rompedora del liberalismo clásico en la actualidad, defendido el papel clave de las instituciones en su implantación y analizada su compleja relación con los impuestos, toca ahora reflexionar sobre la necesidad de autonomía de los individuos y las empresas para tomar sus propias decisiones económicas, con la menor interferencia posible del Estado.
No es la primera vez que escribimos sobre libertad económica en esta casa. En 2014 efectuamos un pasatiempo analítico, que repetimos en 2016 y en 2019, para poner en perspectiva el concepto de libertad económica que se define, valora y ordena en el ranking que regularmente publica la Fundación Heritage. El análisis comparativo de diversos indicadores globales de desarrollo económico, social y humano nos permitió formular una definición sobre lo que debería constituir una verdadera libertad económica: aquella en la que no sólo las transacciones económicas están libres de trabas y aseguradas jurídicamente, sino donde el resto de las libertades civiles disfrutan de un elevado grado de madurez en su ejercicio, materializándose todo ello en una ciudadanía próspera, longeva, saludable y bien educada.
Tales elementos constituyen, nada más y nada menos, los pilares del liberalismo que aquí defendemos con tanto entusiasmo. No obstante, aunque la libertad económica ha traído consigo una indudable prosperidad e innovación, es esencial reconocer que esta libertad tiene unas restricciones y limitaciones que deben tenerse en cuenta para garantizar una sociedad equilibrada y equitativa.
La liberad económica y sus beneficios
Desde una perspectiva histórica, el liberalismo económico surge en el siglo XVIII como una reacción al mercantilismo, sistema basado en el intervencionismo estatal, el proteccionismo comercial y el monopolio de las colonias. Los primeros economistas liberales, como Adam Smith, David Ricardo o Jean-Baptiste Say, criticaron las restricciones al comercio y la competencia, y defendieron la libre iniciativa, la división del trabajo y la ley de la oferta y la demanda como motores del progreso y la riqueza.
Desde una perspectiva filosófica, la libertad económica se fundamenta en la idea de que los individuos son libres e iguales en derechos, y que poseen una racionalidad que les permite buscar su propio interés y el bien común. Los filósofos liberales, como John Locke, Immanuel Kant o John Stuart Mill, argumentaron que el Estado debe respetar y garantizar los derechos naturales de las personas, como la vida, la libertad y la propiedad, y que solo debe intervenir para protegerlos de las agresiones externas o internas.
Por consiguiente, desde una perspectiva liberal, la libertad es un requisito indispensable para el desarrollo humano, y tiene múltiples dimensiones, entre ellas, la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad religiosa y el libre mercado. El ejercicio de estas libertades se garantiza en el marco de un estado democrático y de derecho, con respeto a la propiedad privada y también con separación y limitación constitucional de poderes.







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