Tectónica Global: cuatro fuerzas que reconfiguran el mundo
- PANORAMA GLOBAL
- 24 nov 2025
- 2 Min. de lectura

En las últimas semanas he impartido conferencias sobre tendencias globales y su impacto en la política, economía y ciudadanía. Vivimos tiempos confusos y volátiles, con crisis más agudas y cambios rápidos.
En menos de una década, hemos experimentado una pandemia global, una guerra en el corazón de Europa, y una revolución tecnológica que está transformando las industrias, los mercados y la sociedad a una velocidad vertiginosa.
No obstante, bajo los acontecimientos visibles y las urgencias cotidianas, subsisten cuatro grandes fuerzas que configuran el devenir global:
la geopolítica,
la demografía,
la tecnología
y el medio ambiente.
Como escribimos en su día, estas grandes dinámicas, como en la tectónica de placas, se expanden, deslizan y superponen. Su fricción o choque generan ondas sísmicas de enorme energía, provocando terremotos y alterando para siempre la configuración del planeta. Estas fuerzas no solo determinan el presente, sino la forma de enfrentarnos al futuro. A lo largo de este artículo exploraremos cómo.
Del orden estable al caos incierto
Para entender mejor cómo ha cambiado el mundo desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy, me gusta hacer una analogía con dos modelos clave en la física:
el modelo atómico de Bohr
y el principio de incertidumbre de Heisenberg.
El orden mundial surgido tras la Segunda Guerra Mundial, basado en reglas e instituciones multilaterales como la ONU, FMI, Banco Mundial y OMC, estaba mejor definido y era más comprensible que el actual.
En física, el modelo de Bohr presentaba un núcleo atómico formado por protones y neutrones y unos electrones situados en órbitas definidas. Los saltos de órbita implicaban la liberación o absorción de energía y determinaban las interacciones atómicas.
Análogamente, en el ámbito geopolítico de la postguerra, cada país tenía un rol claro en el sistema internacional, con esferas de influencia bien definidas, no exentas de tensiones. Este orden proporcionaba cierta estabilidad y previsibilidad en las relaciones internacionales, y es el que facilitó la explosión globalizadora vivida en la segunda mitad del siglo pasado.
Sin embargo, en el mundo actual, hemos pasado de la certeza de Bohr al principio de incertidumbre de Heisenberg, donde la posición y la velocidad de una partícula no pueden ser determinadas con precisión al mismo tiempo. De modo similar, las dinámicas globales actuales son mucho más difíciles de prever.
La creciente pulsión estratégica entre potencias, los cambios demográficos, el auge de nuevas tecnologías y la competencia por los recursos en un medio natural cada vez más explotado generan un entorno donde el caos y la incertidumbre son la norma.
Al igual que en la física cuántica, lo que antes era previsible ahora está lleno de incertidumbre: no podemos conocer con exactitud el rumbo que tomará el mundo, pero sabemos que los cambios serán profundos e implacables.







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