Un liderazgo de servicio: la vacuna para tiempos inciertos
- PANORAMA GLOBAL
- 24 nov 2025
- 2 Min. de lectura

El mundo empresarial vive tiempos inciertos, muy inciertos, en un entorno cada vez más complejo. Y necesita líderes con vocación de servicio.
La globalización nos da oportunidades, pero también provoca que cualquier problema, derivado de cambios regulatorios, políticos, conflictos bélicos, que se produzca en cualquier parte del mundo nos pueda afectar.
Actualmente estamos viviendo la crisis de los aranceles iniciada por Estados Unidos que puede tener graves consecuencias en las compañías que no estén sustentadas en pilares sólidos y sean capaces de establecer nuevas estrategias que les permitan convertir los problemas en oportunidades.
Así mismo, las empresas ya no están orientadas sólo a la obtención de beneficio económico. La Responsabilidad Social Corporativa supone que las compañías se exigen un código de buen gobierno corporativo, en el que la integridad y la transparencia son valores irrenunciables. Tienen que contar con los Stakeholders (grupo de personas afectadas por las decisiones de una empresa) ya que su satisfacción influye en los resultados y objetivos establecidos por las empresas. El gran reto de sus gestores es encontrar objetivos comunes entre todos los individuos y organizaciones impactados por su negocio.
La cultura empresarial y la reputación se han convertido en elementos esenciales en este nuevo paradigma empresarial. Alinear a las personas que trabajan en nuestra empresa con los Valores, Visión y Misión no es fácil.
Todos hemos escuchado alguna vez que los valores sólo sirven para ponerlos en la web, porque lo que vivimos dentro no se corresponde con ellos. Esta percepción tiene un gran coste reputacional, y, lo que es más grave todavía, conlleva una pérdida de confianza y del espíritu de pertenencia por parte de los empleados.
La falta de espíritu de pertenencia provoca, entre otras cosas, aumento de la rotación del talento, incremento de las bajas laborales y una disminución importante de la productividad. Pero hay algo más, que muchas veces no tenemos en cuenta: la imagen negativa de la empresa que está transmitiendo esa persona —que no se siente orgullosa de formar parte de ella—, así como su capacidad de contagiarla a otros.
Cuando viene a nuestra casa Juan, operario de una determinada compañía, a instalarnos la lavadora pueden suceder dos cosas. Si es simpático, tarda poco y nos lo deja todo limpio, lo más probable es que hablemos bien de su empresa y alabemos su funcionamiento. Pero también puede ocurrir que Juan haya venido protestando de su compañía, y, aunque al final nos deje montada la lavadora, prevalezca en nosotros el impacto negativo que han dejado sus críticas.
Cada una de las personas que trabajan en nuestra empresa tienen la capacidad de difundir nuestra marca, ya que nos representan. Y eso no lo deberíamos olvidar nunca.
Vivir en un entorno incierto donde constantemente se producen acontecimientos que no podemos controlar, que afectan a nuestras decisiones y por ende a los resultados hace imprescindible reforzar aquellas cosas que sí dependen de nosotros y utilizarlos de pilar de seguridad.







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